Con dos submarinos nucleares a cuestas
2 de junio de 2010
Una de las herencias más peligrosas y desconocidas de la Guerra Fría son los centenares de submarinos nucleares soviéticos que quedaron abandonados a su suerte en remotas bahías del Ártico. Ante el peligro medioambiental que suponen en un ecosistema tan frágil, en 2002, los países del G8 decidieron tomar medidas para evacuar estos enormes fósiles radiactivos y desguazarlos de forma segura.
Este ambicioso proyecto, que hasta la fecha ya ha recuperado más de 200 naves, nos permite disfrutar de imágenes tan espectaculares como las que dejó la evacuación simultánea de dos submarinos de la clase Víctor III que estaban fondeados en la Península de Kamchatka.

Los dos submarinos navegando a lomos del buque Transshelf, Dockwise
Los chatarreros de cohetes
24 de mayo de 2010
Siempre que se habla de chatarra espacial suele hacerse referencia a la ingente cantidad de restos de cohetes y satélites que orbitan la Tierra. Pero esta no es, ni mucho menos, toda la basura espacial que se produce. Al margen de los componentes que llegan a entrar en órbita, el lanzamiento de cualquier cohete genera residuos a medida que se van cumpliendo sus primeras etapas, que se precipitan hacia la superficie terrestre una vez consumidas.
En su mayoría, las plataformas de lanzamiento se encuentran cerca del mar y hacia él dirigen la trayectoria de sus cohetes, minimizando así el riesgo de impacto de fragmentos. Pero en el caso de Baikonur y los demás cosmódromos utilizados por la Agencia Espacial Rusa, esto no es posible debido a su ubicación tierra adentro; hecho que da pie a un mayor riesgo de accidentes y, sobre todo, a un negocio de chatarrería para todos aquellos que se lanzan a la caza de los restos que quedan esparcidos en extensas áreas de territorio.

Dos chicos encaramados sobre los restos de un cohete, foto de Jonas Bendiksen
El acorazado soviético que sigue dando guerra
14 de junio de 2009
En la costa de Noruega, un buque de guerra de la URSS parece ignorar que la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría ya acabaron. Impasible, el crucero Múrmansk hace guardia ante la isla de Sørøya con sus cañones en alto, como si aún hubiese tropas nazis en el horizonte o un portaaviones estadounidense pudiese aparecer de un momento a otro.
Pero los únicos que se sienten amenazados por su presencia son los pacíficos habitantes de la zona, descendientes de quienes, irónicamente, salvaron sus vidas en 1945 gracias a la ciudad que da nombre al buque.

Aspecto actual del crucero Múrmansk
Los náufragos de la Guerra Fría
24 de mayo de 2009
En los inicios de la carrera espacial, la URSS no sólo lanzó el primer satélite y la primera nave espacial tripulada, sino también los primeros misiles intercontinentales. En 1960, un ensayo de dichos misiles sobre el Océano Pacífico y una gran tormenta llevaron cuatro soldados soviéticos a vivir una odisea de 49 días en la que forzaron la resistencia humana hasta límites insospechables. Tras ser rescatados por un portaaviones estadounidense, esos jóvenes reclutas considerados inicialmente traidores cobrarían fama mundial y regresarían a casa convertidos en héroes.

“Gloria a los valientes hijos de nuestra patria”
Los ardientes cielos de la Guerra Fría
20 de febrero de 2008
La semana pasada bombarderos estratégicos Tu-95 protagonizaron los incidentes más graves desde que Rusia reanudara sus patrullas aéreas de largo alcance: violaron el espacio aéreo japonés y sobrevolaron a baja altura el portaaviones estadounidense Nimitz. El resurgir de estos gigantes del cielo trae consigo el recuerdo de los legendarios vuelos oceánicos de la Guerra Fría, repletos de incidentes y anécdotas que van desde roces e impactos en pleno vuelo hasta saludos entre pilotos de ambos bandos mostrándose revistas Playboy.

Tu-95MS disponiéndose a repostar en vuelo
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